ADG · Capítulo 1 · Fútbol y cultura

Contextualización histórica

En este capítulo se analizará por qué el fútbol despierta sentimientos tan profundos y apasionados. Por qué es tan importante para la sociedad actual y cuáles son las raíces que hacen de este deporte un ícono de interés digno de ser estudiado en relación al lugar que ocupa en la sociedad en que está inmerso. Para comprender estas afirmaciones es necesario remontarse en primer lugar, al origen de los juegos y, en segundo lugar, al nacimiento del fútbol como doctrina deportiva y su posterior expansión.



1.1 Las raíces del fútbol


Mucho tiempo atrás, los griegos, exactamente en su período de florecimiento, instauraron los Juegos Olímpicos. Los mismos eran fiestas religiosas, culturales y deportivas celebradas en la ciudad de Olimpia, de la Antigua Grecia, desde el año 776 A.C. hasta aproximadamente el 392 D.C., época en que fueron terminantemente prohibidos por el emperador romano Teodosio I, por considerarlos fiestas paganas. Los juegos, que habían alcanzado su cima entre los oriundos de aquella Grecia por representar una fiesta de adoración a los dioses supremos, a través de atléticos cuerpos expuestos en competencias deportivas consideradas de interés cultural, se transformaron en competiciones extremas y colectivas cargadas de violencia desmedida. Fueron acusados de llevar a sus protagonistas por el camino de la perdición y definitivamente mal vistos por el catolicismo ortodoxo. Luego de este período, los clérigos de la era renacentista y el inicio de la modernidad, aunque oponiendo aún cierta resistencia, se vieron obligados a incluir los juegos en los internados por considerarlos útiles para la educación y disciplina en forma masiva de los atletas. Pero fueron los jesuitas quienes propusieron introducirlos oficialmente en los institutos educativos. Los juegos adquirieron así notoriedad en los estratos populares y fueron nuevamente adoptados por diversas comunidades. Clérigos y puritanos cambiaron el ángulo de la función deportiva que impusieran los romanos, tomándola por el contrario, como un medio para canalizar energías nocivas, aprender a trabajar en equipo y explotar las habilidades corporales en su máximo esplendor.


La atracción por los deportes, específicamente por el fútbol, recibió un impulso definitivo en el ámbito de los internados para jóvenes de “cunas privilegiadas” en Inglaterra. Los mismos eran colegios laicos que proporcionaban una educación completa e integral.


A partir de la inclusión del deporte en cuestión en estos centros educativos se considerará el origen del fútbol, que, si bien es un tema controversial, ya que existen varias teorías que difieren en su creación, se tomará como válida aquella que sostiene que fueron los ingleses quienes reglamentaron este deporte en 1863 y se encargaron de difundirlo a través de sus colonias por todo el mundo, a fines del siglo XIX y principios del siglo XX.


1.2 Juego y deporte


Cabe destacar que los términos juego y deporte, son comúnmente utilizados en forma indistinta. Sin embargo, las raíces etimológicas de dichos vocablos indican una diferencia sustancial. A saber:



- Juego: del latín -jocus- significa burla. Es una expresión utilizada en sentido lúdico para designar actividades en las que predomina el carácter aparente y simulado.


- Deporte: tiene orígenes varios y significa en todas sus acepciones: divertimento o actividades de tiempo libre.

 
En la actualidad juego y deporte se fusionan en una disciplina como el fútbol que toma ambos significados para lograr un todo. El fútbol es un juego para sus espectadores, pero es también un deporte para quienes lo practican, un trabajo para quienes lo realizan profesionalmente, una fuente de recursos eficaz para aquellos que encontraron la forma de aliarlo a sus necesidades de venta y comunicación, es un rito para los fervientes seguidores de cada insignia, y es finalmente un espejo de la sociedad misma, para los que supieron encontrar en él infinidad de relaciones íntimamente ligadas con lo que cada emblema representa. Justamente por ser reflejo de la sociedad es necesario destacar que no falta quien asocie al fútbol con la guerra. Por ejemplo en las copas del mundo, donde las naciones se enfrentan en un juego por conseguir el premio supremo de esta práctica: ser Campeón Mundial. Esta expresión moviliza profundos sentimientos de nacionalismo representados en once jugadores que salen a ganar un partido como si ganaran la guerra, sobre todo cuando se enfrentan a países con los que han tenido alguna vez un conflicto de índole militar real.

Por estos mismos sentimientos profundamente arraigados que el fútbol despierta, es moneda corriente escuchar a profesionales de distinta índole hablar de “la nueva religión”, de “dioses” y “héroes” que han llevado a sus correspondientes divisas al peldaño más alto en este deporte. De “milagros”, “salvadores” de “vencedores y vencidos”, de “guerreros”, de “patrones”, de “padres e hijos”, entre otros. Sin ir muy lejos nadie olvida la famosa “Mano de D10S”, en referencia a aquel gol convertido por quien para muchos es, -y sin ánimos de poner en tela de juicio esta eterna discusión- el mejor jugador del mundo: Diego Armando Maradona, quien marcara con la mano un tanto a los ingleses en los cuartos de final del mundial de 1986, fecha de la última coronación argentina en este importante evento. Hecho tomado como una especie de “revancha” luego de la caída de la República Argentina en la guerra de Malvinas frente a Inglaterra.

Los deportes ocupan un espacio muy importante en las sociedades modernas, aún bajo el punto de vista del mercado, teniendo gran visibilidad en los medios masivos. Pero antes de que éstos se apropiaran de los juegos y los convirtieran en espectáculos, el fútbol ya ocupaba una función destacada como medio de sociabilidad y participación social, que establece lazos afectivos entre grupos que se oponen entre sí en el mundo occidental, especialmente en Europa y América latina.


El fútbol es el deporte más popular a escala mundial y por ser colectivo, asumió desde su creación una connotación de masa que salió de los internados de elite ingleses y se extendió haciéndose multitudinario hacia la clase trabajadora. Siendo un deporte donde prepondera lo colectivo por sobre lo individual, los hinchas se sienten pertenecientes a una totalidad que los trasciende. La inclusión de las clases bajas desencadenó la contigua transformación del fútbol en una instancia de mediación simbólica entre grupos y comunidades diferentes.

Por todo lo antedicho, se sostiene que el fútbol es una práctica que reúne energías y despierta las pasiones más arraigadas de las personas que vibran con él, movilizando no solamente energía física, sino también pasiones que hablan sobre grupos que van de lo local y nacional hasta lo internacional. El fanático del fútbol consume todo lo que a él lo liga, a veces consciente, a veces inconsciente, pero siempre consume. Y las ofertas de todo tipo están a la orden del día. Una práctica que refleja tantos costados de la sociedad y permite estudiarla, conocerla, persuadirla y por qué no, satisfacerla, es una herramienta poderosísima para quienes sepan manejarla con objetivos claros de mercado. Oliven y Damo, en su libro Fútbol y Cultura, afirman: “Lo que torna excitante a un partido de fútbol, lo que le hace valer millones de dólares en publicidad, es la riqueza simbólica expresada en el todo o en las partes específicas del ritual”. (2001, p.22). Sin duda, los profesionales de hoy han sabido reconocer y explotar esta beta en profundidad.



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